Dili, Timor Oriental, 17 jul 2015 – Los líderes europeos, enfrentados a la catástrofe política, social, económica y financiera de Grecia, que durante décadas ha sido de la exclusiva responsabilidad de los gobiernos conservadores y socialistas, decidieron castigar y humillar a todo un pueblo.

 

Sea esta la intención o no, el efecto es el mismo. No obstante, las mayores y principales consecuencias aparecerán más tarde.

Alemania y los eurócratas de Bruselas se han olvidado de la dimensión estratégica de Grecia, país que está en la primera línea de la recepción de miles de refugiados procedentes del norte de África.

La penuria va a acentuar la vulnerabilidad de Grecia en cuanto al blanqueo de capitales y el crimen organizado, tales como drogas, prostitución, tráfico de armas provenientes de Rusia, de Europa del Este y de los Balcanes.

Los recortes en Defensa desarmarán a Grecia para el efectivo control e intercepción del tráfico de seres humanos, las drogas y el terrorismo internacional con orígenes en el Magreb y Oriente Medio.

Los principales medios de información independientes del mundo, así como reputados economistas y analistas políticos, se han mostrado contrarios al fundamentalismo financiero de la mayoría de los líderes europeos.

En The New York Times, Financial Times, The Guardian, The Independent, Le Monde, Newsweek, y hasta en el conservador The Wall Street Journal, entre otros, es frecuente encontrar análisis, comentarios y artículos de opinión contrariando la actitud frente a Grecia adoptada por Alemania y secundada, con mayor o menos énfasis, por la inmensa mayoría de la UE.

El común denominador entre economistas de tal calibre como los premios nóbeles de Economía Joseph Stigliz y Paul Krugman, es que Alemania obligó a Grecia a arrodillarse y rendirse. Y esto se llama la “casa común europea”. Triste, trágico.

“Un catálogo de atrocidades” es lo que el “Der Spiegel”, dice de las exigencias de Alemania y del Eurogrupo al gobierno griego. Prácticamente todas estas exigencias fueron decididas por Wolfgang Schäuble, el todopoderoso ministro de Finanzas de Alemania. La misma publicación afirma que las propuestas del Eurogrupo “son una humillación deliberada” a Grecia, y “parece que quieren evitar que exista cualquier acuerdo”.

Antes de la firma del acuerdo el pasado domingo, el primer ministro italiano Matteo Renzi reaccionó ante las propuestas alemanas, diciendo rotundamente que “basta de humillar a los griegos”. Francia hizo todo lo posible para conciliar, para encontrar una solución y salvar a la Unión Europea.

El más decidido apoyo los “diktats” de los alemanes y de los burócratas de Bruselas proviene del norte de Europa: Holanda, Finlandia, los minúsculos Estados bálticos, a los que se une Eslovaquia, en centro-Europa. En el sur del continente, España ha adoptado una posición más prudente y moderada tras las posturas de Francia e Italia.

Han i sido inevitables varios los paralelos entre Alexis Tsipras y el rey espartano Leonidas I , por lo ocurrido en el año 480 A.C. en el desfiladero de las Termópilas, cuando los 300 guerreros griegos decidió morir en su misión de detener por varios días a los 250.000 hombres que formaban el inmenso ejército persa.

En cambio, el primer ministro griego decidió, por el momento, replegarse y sobrevivir, pero al parecer con la intención no de aceptar de buen grado el diktat alemán, para más tarde continuar su lucha.

En los días que corren, la discusión sobre Grecia ya es más política que económico-financiera. Una polémica que a diferencia de todo el debate europeo de los últimos 70 años, no está marcado por la división derecha-izquierda.

A la arena, han saltado conservadores críticos del actual poder europeo, mientras que al mismo tiempo se han destacado socialistas reconvertidos al neoliberalismo, cuyo más visible exponente ha sido el ministro de Finanzas holandés y presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem .

Me quedé atónito al oír la forma arrogante como un eurodiputado liberal belga Guy Verhofstadt trató al primer ministro griego, cuando se dirigió al Parlamento Europeo. Y estas “lecciones” provienen de una élite belga, que no logra formar gobierno después de cada elección general, ¡dejando al país sin gobierno durante más de un año!

Los que hacen parte del Parlamento Europeo y de otros lugares que lanzan críticas mordaces contra los griegos, nunca tuvieron un “coraje” similar contra los líderes conservadores y socialistas, los verdaderos culpables que arruinaron a Grecia durante varias décadas anteriores.

Cinco economistas de renombre, Thomas Piketty , Jeffrey Sachs , Heiner Flassbeck , Dani Rodrik and Simon Wren-Lewis, escribieron a Angela Merkel, instándola a revisar la estrategia de austeridad exigida por Alemania en Grecia. En la misiva, sostienen que “Hoy tenemos que reestructurar y reducir la deuda griega, dar un respiro a la economía para que se recupere, y permitir a Grecia a pagar una carga reducida de la deuda durante un largo período de tiempo”.

Comparto la opinión de estos economistas, porque lo que Tsipras quería era un trato más justo con los acreedores, un espacio para respirar, menos austeridad, una reestructuración de la deuda, así como coincido con Krugman , que considera un artículo de opinión, que los requisitos del Eurogrupo sobre Grecia “son una locura” y “una traición grotesca” a lo que representa el proyecto europeo.

Asimismo, es interesante leer una entrevista con Thomas Piketty, considerado uno de los economistas más importantes del mundo, en el influyente diario alemán Die Zeit, donde se encarga de recordar a los lectores que “Alemania es un país que nunca ha pagado sus
deudas, por lo que tiene autoridad moral para dar lecciones a otras naciones”.

Es una “broma” que Alemania exija a Grecia pagar 1.600 millones de euros que le debe al FMI, ya que en el pasado, las deudas de Alemania fueron perdonadas. “Lo que me sorprendió es que sea Alemania, realmente el único y mejor ejemplo de un país que, a lo largo de su historia, nunca ha pagado su deuda externa”.

Según Piketty, el caso griego está mostrando que “necesitamos una conferencia sobre todas las deudas de Europa, al igual que después de Segunda Guerra Mundial. Una reestructuración e toda la deuda, no sólo en Grecia, sino varios países de Europa, es inevitable”.

A ellos, se une en términos más duros, el destacado economista británico Stuart Holland, al advertir este jueves en Lisboa que Europa está “al borde de un IV Reich”, en referencia a la situación en Grecia y la “hegemonía de Berlín” en la Unión Europea.

“Tenemos una hegemonía alemana que los ex cancilleres Willy Brandt y Helmut Kohl no propugnaron. No querían una Europa alemana, en cambio Angela Merkel no acepta conceptos como la solidaridad “, dijo durante la conferencia “Grecia, ¿y ahora?”, celebrada en la Facultad de Derecho la Universidad de Lisboa.

En una declaración previa a medios griegos, reconocí estar decepcionado con los líderes europeos y del FMI, que no han mostrado visión y sabiduría en el manejo de una situación extremamente difícil. Es en estos tiempos de dificultades que los líderes europeos deberían mostrar verdadera solidaridad con el pueblo de Grecia. Ellos han fracasado.

Entre los políticos disidentes de las líneas adoptadas por las actuales direcciones partidarias liberal-conservadoras, se destaca la voz de José Pacheco Pereira, ex eurodiputado del grupo del Partido Popular del Parlamento Europeo, al lamentar que esta ya no es “ la Europa de los fundadores, es la de la mayoría de los partidos conservadores de Europa, con los socialistas secundándoles, lo que no tendrá un final feliz , y en ese momento, mucha gente se va a recordar de Grecia”.

El debate, cubierto de un manto económico y financiero, sin embargo, es ahora esencialmente político.

Los mercados financieros, Alemania, el FMI, el Banco Central Europeo y los eurócratas, deben dar una dura lección a Grecia, un escarmiento destinado a mostrar a otros países lo que les espera en caso de rebeldía.

No pueden permitir que un pequeño país no les obedezca. Menos rigidez con Grecia, sería crear un peligroso precedente a los ojos de muchos países, hasta ahora obedientes de las decisiones de Berlín, basadas en la óptica moral luterana, que considera un pecado los déficits de los Estados “derrochadores” del sur de Europa.